¡Buenos días! Esa fuerza que transformó aquella habitación es el Espíritu Santo. No es una teoría de un libro, es una presencia real que hoy, dos mil años después, sigue buscando un espacio en nuestro interior para encender ese mismo fuego. ¿Te atreves a pedirlo también? Te animo a intentarlo. Que tengas un buen día.
¡Buenos días! Cuando os cuentan la historia original del día de Pentecostés sin conocer el contexto, te juro que parece el guion de una peli de Marvel o de ciencia ficción. Ya verás, imagina la escena: después de la muerte de Jesús, sus mejores amigos están encerrados a cal y canto en una casa. Tienen pánico de correr la misma suerte que él. Su líder ya no está con ellos y piensan que ahí fuera se los van a comer vivos. Están bloqueados, paralizados por el miedo al qué dirán y a lo que les pueda pasar. De repente, la casa se llena de un ruido y un viento muy fuerte, como si un huracán de categoría cinco pasara por el salón. Acto seguido, aparecen como unas llamas de fuego que se posan sobre la cabeza de cada uno y, sin saber cómo, empiezan a hablar idiomas que no habían estudiado en su vida. De golpe, el miedo desaparece. Abren las puertas de par en par, salen a la calle a comerse el mundo y los visitantes extranjeros, de un montón de países distintos, que pasaban por allí los entiende...