¡Buenos días! Hoy vamos a hablar de la palabra «purificar». Quizá os vengan a la mente mascarillas faciales para quitar impurezas de la piel, un filtro para el agua o la «purga» de seguidores que a veces hacemos en nuestras redes sociales. A nivel cotidiano, podríamos decir que purificar es quitar lo «tóxico», eliminar lo que molesta, lo que hace ruido o lo que sobra, para que algo vuelva a su estado original, limpio y sano. En la tradición cristiana, es una de esas palabras que no siempre se han entendido bien, pues con frecuencia se ha usado para hacer referencia a las personas como si fueran cosas sucias que hay que limpiar a base de culpa. Nada que ver. Para la fe, purificar el corazón es simplemente quitarle capas de polvo. Es apartar las rayadas, la necesidad obsesiva de encajar, la dependencia de los likes o ese estrés continuo que no nos deja respirar. San Luis María de Montfort decía que para que algo nuevo, grande y lleno de luz pueda entrar en tu vida, primero tienes que hac...
¡Buenos días! Imagínate que vas al concierto de tu artista favorito. Consigues el pase VIP: primera fila, sonido perfecto, cero agobios y rodeado de tus mejores amigos. Sientes una paz y un subidón increíbles. ¿Recuerdas algún momento así, en el que no querías que terminara nunca? Pues algo muy parecido les pasó a Pedro, Santiago y Juan, tres discípulos de Jesús, en el evangelio de este domingo. El relato cuenta que Jesús se los llevó aparte, a una montaña alta, para desconectar. De repente, viven una experiencia alucinante: la Transfiguración. Su rostro empieza a brillar como el sol y su ropa se vuelve blanca y luminosa. Y no está solo: de la nada, aparecen conversando con él Moisés y Elías, dos personajes históricos que llevaban siglos muertos. Pero, ¿por qué se aparecen justo ellos dos? Pues porque ara los judíos, Moisés representaba "La Ley", es decir, todas esas normas estrictas que debían cumplir día tras día para agradar a Dios. Elías, por su parte, representaba a ...