¡Buenos días! Me llamo Frans van der Lugt. Soy holandés y jesuita. Hace casi cincuenta años llegué a Siria de misión y allí encontré mi hogar. Compartí mi vida con musulmanes y cristianos, jóvenes y mayores, que poco a poco se convirtieron en vecinos, amigos, gente a la que quería. Entonces la guerra llegó a Homs. Los bombardeos destruyeron edificios, escaseaba la comida y muchas familias quedaron atrapadas. El miedo y la incertidumbre lo invadieron todo. Me preguntaron si quería marcharme. Pero ¿cómo iba a abandonar a quienes habían compartido conmigo tantos años justo cuando más sufrían? Me quedé no porque no tuviera miedo, sino porque aquellas personas ya eran parte de mi vida. Su dolor también era el mío. Y es que aun en medio de la guerra, seguíamos encontrando motivos para estar unidos. Musulmanes y cristianos compartíamos dificultades y nos ayudábamos. Yo creía profundamente que el odio no tenía por qué ganar, que incluso en la oscuridad podía quedar un poco de esperanza. El 7 d...
Gabrielistas 1xDÍA
Y, a veces, todo es tan sencillo como escuchar el viento que sopla por nosotros y extender con fuerza las alas.