¡Buenos días! «Soy valiente, pero a veces tengo miedo», «soy buena persona, pero soy egoísta», «necesito encajar, pero quiero ser yo misma»... A veces nuestra cabeza es un caos de voces que nos exigen demasiado y nos ahogan, igual que le pasa a Riley en ese ataque de ansiedad. La verdad es que el Espíritu Santo se parece muchísimo a ese abrazo que le da Alegría a todas las versiones contradictorias de Riley. Es esa fuerza interior, ese amor incondicional de Dios que te abraza tal y como eres, con tus luces y tus sombras, y que en medio de tu peor tormenta te devuelve la paz para que puedas salir ahí fuera sin miedo a ser tú mismo o tú misma. Todos merecemos ese abrazo y todos podemos experimentarlo, porque el Espíritu Santo es un regalo para todos aquellos que lo pidan de corazón. ¿Qué me dices? ¿Lo pedirás? Que tengas un buen día.
¡Buenos días! Hoy os traigo la historia de Andrea, una chica real, de aquí de España, cuyo testimonio podéis encontrar en un documental llamado Vivo, de Bosco Films. Andrea era una chica normal, con una vida normal; iba a la universidad, salía con sus amistades y estaba feliz. Pero, de repente, el mundo se le vino abajo cuando su novio murió en un accidente de tráfico. A partir de ese día, Andrea entró en un túnel muy oscuro. Sentía un vacío gigante, una tristeza profunda que no se aliviaba con nada. Ni saliendo ni rodeándose de ruido o de gente. Nada la llenaba. En medio de esa situación, Andrea empezó a fijarse en una compañera de clase. Esta chica era cristiana y Andrea la observaba con cierta «envidia». No era envidia por lo que tenía, sino por la paz interior con la que vivía. Una paz que Andrea había perdido y que deseaba recuperar como fuera. Un día, esta amiga la invitó a acompañarla a una de las oraciones en las que participaba y Andrea, que no pisaba una iglesia ni por asomo ...