¡Buenos días! Hoy es un día diferente. Quizá no lo veas por la calle, pero hoy millones de cristianos en todo el mundo van a la iglesia para algo tan simple como recibir un poco de ceniza en la frente. Pero ¿por qué?, ¿para qué ensuciarse la cara y el pelo? Pues como signo de humildad, para reconocer que no somos dioses, que no lo podemos todo y que, tarde o temprano, nuestro cuerpo se acabará. Celebrar el Miércoles de Ceniza es precisamente eso, un "baño de realidad", en el que la ceniza nos recuerda que somos frágiles. Que hoy estamos a tope y mañana podemos estar rotos. Que somos "polvo", sí, pero un polvo que sueña, que ama y que sufre. Y justo aquí es donde entra la Cuaresma y su símbolo máximo: la Cruz. Algunos lleváis una cruz de plata o de oro colgada al cuello. Queda muy bien, pero si lo piensas, era un instrumento de tortura. Entonces, ¿por qué la adoramos? San Luis María de Montfort decía: "La Sabiduría es la Cruz". Para entender esto, piensa en...
¡Buenos días! Hoy vamos a darle una vuelta a una palabra que puede tener algo de mala prensa: ABANDONO. Si te digo "abandono", posiblemente te venga a la mente algo triste: un perro en la carretera en verano, un edificio en ruinas o alguien que tira la toalla porque no puede más. Hoy en día, es fácil que nuestra sociedad relacione "abandonar" con fracaso. Estamos bombardeados en mil sitios con un propósito: ser los "CEOs" de nuestra propia vida; contrólalo todo, ten un plan B, asegura tu futuro, no dependas de nadie. Y claro, cuando algo se nos escapa de las manos (un suspenso, una ruptura, una enfermedad), nos entra el pánico porque sentimos que el mundo se desmorona. En el lenguaje espiritual, la palabra "abandonar" también se asocia con "dejar, soltar", pero desde otra perspectiva: confiar. De hecho, nuestro Padre de Montfort era un enamorado de esta palabra, aunque él usaba otra: "providencia". Fíjate, Montfort era un tipo...