Lo que no se da ... se pierde En un supermercado había una botella de agua que era muy egoísta. Siempre quería lo mejor para ella: la mejor etiqueta, el mejor lugar, el mejor estante, estar bien limpia y en la primera fila, para que todo el mundo la viera bien ... Nunca se le ocurriría hacer nada por los demás. Un día, una persona la cogió para comprarla, la puso en el carro de la compra y se la llevó a casa. La botella estaba muy enfadada: no quería irse de su estante y dejar el lugar a otra. Además, cuando vio que alguien intentaba abrirla para beber el agua que tenía dentro, la botella se resistió: no quería dar su agua a nadie. Por más fuerza que hacían, no lograron abrirla. Y, como no pudieron usarla, la devolvieron al supermercado y la cambiaron por otra. La volvieron a poner en el estante, y poco a poco, consiguió volverse a colocar en el lugar, en la primera fila, para ser admirada por todos los que pasaban por delante. Pero, como es natural, la volvieron a comprar. Y otr...
Y, a veces, todo es tan sencillo como escuchar el viento que sopla por nosotros y extender con fuerza las alas.