¡Buenos días!
Imagínate que vas al concierto de tu artista favorito. Consigues el pase VIP: primera fila, sonido perfecto, cero agobios y rodeado de tus mejores amigos. Sientes una paz y un subidón increíbles.
- ¿Recuerdas algún momento así, en el que no querías que terminara nunca?
Pues algo muy parecido les pasó a Pedro, Santiago y Juan, tres discípulos de Jesús, en el evangelio de este domingo.
El relato cuenta que Jesús se los llevó aparte, a una montaña alta, para desconectar. De repente, viven una experiencia alucinante: la Transfiguración. Su rostro empieza a brillar como el sol y su ropa se vuelve blanca y luminosa. Y no está solo: de la nada, aparecen conversando con él Moisés y Elías, dos personajes históricos que llevaban siglos muertos. Pero, ¿por qué se aparecen justo ellos dos? Pues porque ara los judíos, Moisés representaba "La Ley", es decir, todas esas normas estrictas que debían cumplir día tras día para agradar a Dios. Elías, por su parte, representaba a "Los Profetas", personas normales y corrientes que hacían de intermediarios para transmitir la voz de Dios. Al ponerse en el centro y brillar por encima de ellos, Jesús está dejando claro quién es: "Estoy por encima de todo esto. Conmigo ya no se trata de cumplir una lista infinita de reglas, se trata de amar. Y escuchad mi voz, porque ya no soy un mensajero más, soy Dios mismo".
Pedro, en ese momento de éxtasi, le suelta: "¡Qué bien estamos aquí, Jesús! ¡Vamos a montar unas tiendas y nos quedamos!". Lógico, quería quedarse a vivir en la burbuja VIP para siempre. Pero entonces, una voz desde las nubes dice: «Este es mi Hijo, mi amado, escuchadlo». Muertos de miedo al oír esa voz, Jesús se acerca, los toca y les dice: «Levantaos, no temáis». Y fin de la visión. Toca bajar de la montaña.
En realidad, a todos nosotros nos puede pasar como a Pedro. Nos encanta nuestra zona de confort, ese rincón seguro donde estamos a gustito y nos sentimos queridos. Y ojo, tener esos refugios es súper necesario para recargar pilas. Pero piénsalo: tú no pones a cargar el móvil para dejarlo enchufado a la pared para siempre, ¿verdad? Lo cargas para desenchufarlo, llevártelo y darle uso. Pues con nosotros pasa igual. Podemos quedarnos aislados en nuestra comodidad o salir para tocar bajar al "barro", prestar atención a tu alrededor y compartir un poco de ese bienestar con quien no lo tiene. En el relato, la voz de las nubes decía «Este es mi hijo, mi amado, escuchadlo». Hoy esa voz te habla a ti: ¿Qué tienes tú para ser escuchado? ¿Qué palabra o gesto hay dentro de ti que pueda ayudar a otras personas? Solo lo vas a descubrir si te desenchufas y sales de tu zona de confort. ¿Te atreverás?
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