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ESPECIAL CUARESMA: Mt 4,1-11


¡Buenos días!
Este domingo celebraremos el primer domingo de Cuaresma, cuando el Evangelio nos sitúa en una escena muy tentadora. Para entenderla bien, hay que saber qué pasó justo antes. Jesús acababa de ser bautizado en el río Jordán. Fue un momento espectacular: el cielo se abrió y se escuchó la voz de Dios diciendo que estaba superorgulloso de Él. Fue un "subidón" para Jesús y para todos los que lo presenciaron. Pero, sorprendentemente, en vez de aprovechar ese momento de fama para empezar a predicar, abrirse una cuenta de Instagram y conseguir seguidores, el Espíritu lo empujó directamente al desierto. Solo. Durante cuarenta días.
Es como si después de ganar la final de la Champions y convertirte en el “popu” del colegio, te encerraran en una habitación vacía y en silencio durante un mes. Pero ¿qué sentido tiene todo esto? La respuesta es simple: Jesús necesitaba prepararse. Necesitaba alejarse de los aplausos y del ruido para orar, para encontrarse a fondo con su Padre y tener muy claro quién era antes de empezar su misión.

El texto bíblico de este domingo nos lo cuenta más o menos así:

Después de esos cuarenta días de silencio y ayuno, Jesús estaba agotado y muerto de hambre. Justo en ese momento de máxima debilidad, apareció el tentador (que es lo que significa Diablo). Este le propuso tres atajos: a) usar su poder para conseguir pan al instante, b) tirarse desde lo alto del templo montando un espectáculo viral para que Dios lo salvara o c) renunciar a su fe y libertad a cambio de todo el poder y la riqueza del mundo. Pero Jesús, que había aprovechado ese desierto para llenarse de la fuerza de Dios, tenía su identidad intacta. No se vendió por un placer rápido, ni por fama, ni por poder, y mandó a la tentación a paseo.

Leyendo esto, dime:

  • ¿Cuánto tiempo eres capaz de estar en silencio total, sin móvil ni música, a solas contigo mismo?
  • ¿Alguna vez has probado a darte un tiempo de silencio para tomar una decisión importante en tu vida?
  • Cuando te quitan los "aplausos", los likes y el ruido de fondo... ¿te gusta la persona que se queda a solas en tu propia cabeza?

A veces huimos del silencio porque nos da pánico escucharnos y darnos cuenta de lo que realmente nos pasa. La Cuaresma te propone poner tu vida en "modo avión" un rato cada día. Bajar el volumen de fuera para subir el de dentro. Orar no es recitar cosas de memoria, es entrar en ese silencio donde puedes descubrir una parte muy profunda sobre quién eres y donde puedes dejar que Dios también te lo recuerde. Este fin de semana te animo a atreverte a apagar el ruido y entrar en tu propio desierto para que no sea el mundo quien acabe decidiendo por ti. ¿Lo harás?

Que tengas un buen día.

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