Ir al contenido principal

Palabras Sagradas: Abandono


¡Buenos días!
Hoy vamos a darle una vuelta a una palabra que puede tener algo de mala prensa: ABANDONO.
Si te digo "abandono", posiblemente te venga a la mente algo triste: un perro en la carretera en verano, un edificio en ruinas o alguien que tira la toalla porque no puede más. Hoy en día, es fácil que nuestra sociedad relacione "abandonar" con fracaso. Estamos bombardeados en mil sitios con un propósito: ser los "CEOs" de nuestra propia vida; contrólalo todo, ten un plan B, asegura tu futuro, no dependas de nadie. Y claro, cuando algo se nos escapa de las manos (un suspenso, una ruptura, una enfermedad), nos entra el pánico porque sentimos que el mundo se desmorona.
En el lenguaje espiritual, la palabra "abandonar" también se asocia con "dejar, soltar", pero desde otra perspectiva: confiar. De hecho, nuestro Padre de Montfort era un enamorado de esta palabra, aunque él usaba otra: "providencia". Fíjate, Montfort era un tipo que viajaba sin dinero, sin casa y sin saber dónde dormiría esa noche. ¿Estaba loco? Desde nuestra mirada de tenerlo todo controlado, sí. Pero su locura provenía de la seguridad de que Dios no es un jefe lejano que te vigila, sino un Padre que no te quita ojo. Para él, "abandonarse" era el puntazo de lanzarse al vacío sabiendo que, aunque no veas la red, las manos de Dios están ahí para recogerte.
Es como cuando un niño pequeño deja que su padre lo lance al aire. El niño se ríe, no grita de terror. ¿Por qué? Porque sabe quién lo va a atrapar. El problema es que nosotros hemos crecido y creemos que, si no nos sujetamos nosotros mismos, nos vamos a estrellar.
  • ¿Cuánto estrés llevas encima por intentar controlar cosas que en realidad no dependen de ti (lo que piensan los demás, el futuro, los imprevistos)?
  • Si hoy "soltaras" un poco el volante de tu vida y te fiaras más, ¿sentirías miedo o alivio?
  • ¿Quién es tu "Providencia" hoy? ¿En qué o en quién descansas cuando ya no puedes más?

La Cuaresma es un buen momento para dejar de jugar a ser dioses y recordar que somos hijos. Y los hijos, a veces, se dejan llevar. ¿Estás dispuesto a confiar en Jesús tanto como para dejarte llevar? ¿Qué te impide hacerlo?

Que tengas un buen día.

Comentarios