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RELATOS DEL MUNDO: La Moreneta


¡Buenos días!
Hace mucho tiempo, allá por el año 880, en los alrededores de una montaña, unos jóvenes pastores que cuidaban el ganado vieron algo que los dejó fuera de juego. No era una notificación en el móvil ni un efecto especial: era un resplandor extraño que salía de una cueva, acompañado de una melodía que parecía venir de otro mundo. Picados por la curiosidad, decidieron subir a investigar y allí, escondida entre las rocas, encontraron una pequeña talla de madera de la Virgen María.
La noticia voló y, durante cientos de años, miles de personas empezaron a peregrinar a esa montaña. Cada uno llegaba con su propia historia a cuestas: miedos, alegrías, peticiones o simplemente ganas de dar las gracias. Como en aquella época no había luz eléctrica, todos encendían velas. Imagina millones de velas ardiendo sin parar durante siglos. El humo de esas llamas, poco a poco, fue posándose sobre la madera, tiñendo el rostro de la Virgen hasta dejarlo completamente negro. Así, lo que empezó siendo una figura de madera clara se convirtió en la Virgen que conocemos hoy por el nombre de Virgen de Montserrat o por su apodo: la «Moreneta».
  • ¿Por qué crees que no la limpian y la devuelven a su estado original?
  • ¿Reconoces las «marcas» que tus experiencias (buenas y malas) han dejado en ti?
  • Si pudieras, ¿limpiarías alguna de esas marcas? Aprovechando que tanta gente acude a ella... ¿le has pedido alguna vez algo a la Virgen María? Si pudieras hablar con ella ahora mismo en esa cueva, ¿qué le dirías?
De un modo u otro, todos intentamos mantenernos perfectos, inmaculados, tal como salimos de fábrica, procurando que nada nos afecte. Pero hoy, la Moreneta nos muestra que son precisamente las marcas de la vida, el «humo» de las experiencias y de las personas que han pasado por su lado, lo que le ha dado su identidad única y la ha hecho especial. A ti te pasa igual. Las cosas que vives, las voces que escuchas, los problemas que superas y la gente a la que ayudas... todo eso te va dejando marca. Y no te ensucia, sino que se convierte en parte de tu identidad.

Hoy te invito a hacer algo que a muchos les puede costar, pero que es posible: mira esas marcas, ese «humo» que llevas encima y, como la Moreneta, deja que formen parte de ti. ¿Las aceptarás todas? Tómate tu tiempo; lo sé, poco a poco. Recuerda: ¡es posible!

Que tengas un buen día.

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