Amigos hasta la muerte
El batallón se había replegado del campo de batalla a un refugio. La contienda era cruelmente combativa. El soldado, muy triste, pidió permiso a su oficial para rescatar al amigo del alma que no había regresado:
–Mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor. Solicito permiso para ir a buscarlo.
–Permiso denegado, soldado. No quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente ha muerto.
El muchacho no encontraba consuelo y sentía una necesidad poderosa de buscar a su compañero.
Siguiendo un impulso superior, se escapó sin autorización. Al poco tiempo regresó mortalmente herido, arrastrando con gran esfuerzo el cuerpo de su querido amigo. El oficial lo recibió furioso:
–¡Ya le dije yo que había muerto!¡Ahora he perdido a dos hombres! Dígame, ¿merecía la pena salir allá para traer un cadáver?
–¡Claro que merecía la pena, señor! Cuando llegué, él todavía estaba con vida, maltrecho. Cuando me vio, su rostro se iluminó, y alcanzó a decirme en voz baja:
–¡Mario... estaba seguro que me vendrías a buscar!... y murió.
Llegar al final no es lo importante, sino hacerlo acompañado. La presencia de algunas personas en tu vida a veces puede ser el impulso que te hace falta para ir más allá de donde un día pensaste que estaban tus límites. Esas personas pueden hacer que te creas lo que te mereces, que luches por tus sueños y por tus ilusiones y que no te pares ante las dudas y los miedos. Hacer el camino acompañado es, sin duda, tener la suerte de haber encontrado a gente especial, a la que le importas y cuyos retos son compartidos contigo.

Comentarios
Publicar un comentario
Comparte tu opinión de manera responsable y evita el anonimato: Escribe tu nombre, el curso y tu cole gabrielista. Muchas gracias.