1 de mayo, día del trabajo, toca dar lugar a reivindicaciones, conmemoraciones y en otros casos vacaciones. No sé con qué cuerpo lo celebrará más de uno, y de dos, de tres, de cuatro, de cinco y hasta de seis millones…..más de seis millones de parados. Y no sé con qué cuerpo lo celebremos aquellos que llegamos a este 1 de mayo destrozados, cansados, agarrotados por el estrés. Es curioso, llegamos a este 1 de mayo con una sensación extraña, al menos en mi caso. Sintiendo el dolor de aquellos que no gozan en este momento de la dignidad que el trabajo debería reportar, sintiendo la rabia de aquellos que ofrecen contratos de 40 horas semanales a 150 euros al mes disfrazándolos de otra cosa. Pero es 1 de mayo, y quizá sea momento para reflexionar sobre cómo lo vivimos, cómo estamos, cómo están otros, cómo ayudamos y en qué condiciones lo desarrollamos. He visto muchas veces la alegría del que siente que le han dado la oportunidad de desarrollar sus capacidades, sus ilusiones y ambiciones....
Y, a veces, todo es tan sencillo como escuchar el viento que sopla por nosotros y extender con fuerza las alas.