Hace más de un mes que me empezaron a ofrecer la navidad. Como siempre, es el supermercado donde hago la compra el primero que me lo anuncia: los sugerentes mazapanes, turrones y demás productos navideños. Después me lo dijo la televisión, quien me incitó a comprarme todo lo que no necesito. Y el último anuncio hace unos días en los escaparates de las tiendas, y en las luces que “adornan” nuestras calles, por si no me quedaba claro. Son señales de que una navidad está cerca. Es tiempo de diversión y de desfase en una macro fiesta en la última noche del año que llevamos 364 días esperando. Tiempo de darte ese capricho que llevas tiempo esperando. Tiempo de ser el tío más importante por regalar lo último de lo último. Tiempo de engullir todo lo que haya encima de la mesa. Es tiempo de navidad. Junto a estas luminosas señales, hay otras más discretas, que nadie anuncia. Historias que hablan de aquella noche de Belén, de una Buena Noticia (en aquellos días y en el siglo XXI). Todo empezó c...
Y, a veces, todo es tan sencillo como escuchar el viento que sopla por nosotros y extender con fuerza las alas.