¡Buenos días!
En esta Semana Laudato si', os propongo una palabra que es fundamental para entender por qué los cristianos hablamos tanto de cuidar el planeta. Esa palabra es «encarnación».
Encarnarse significa hacerse carne, hacerse materia. ¿Y qué tiene que ver esto con cuidar el planeta o con la Semana Laudato si'? Pues te invito a estar atento y ver qué pasa cuando juntamos la encarnación de Jesús con la Creación.
Imagina por un momento que Dios no existiera. Incluso en ese caso, cuidar la Tierra ya sería la tarea más importante de nuestras vidas, simplemente porque es lo que nos da oxígeno, nos alimenta y nos sostiene. Es una cuestión de supervivencia. Ahora bien, pongamos que Dios existe y que ha creado todo esto. La perspectiva cambia: cuidar la Tierra se convierte en un acto de agradecimiento. Es como cuando alguien a quien aprecias mucho te hace un regalo valioso; no lo maltratas, lo cuidas para darle las gracias.
Por último, imagina que ese Dios no solo crea la Tierra, sino que se encarna y se hace humano. Sí, esa es la visión cristiana, una en la que creemos que Dios no se quedó al margen de su creación mandando instrucciones desde lejos, sino que se hizo uno de nosotros. Caminó por el mismo suelo que pisamos, bebió agua de nuestros ríos y respiró nuestro aire. En el lenguaje espiritual, decimos que, al entrar en contacto directo con el mundo, todo lo que tocó quedó de algún modo purificado y se transformó en algo sagrado. Esa agua y ese aire se introdujeron en el gran ciclo de la vida de nuestro planeta y siguen aquí, circulando. La naturaleza no es solo un almacén de recursos; es un lugar que ha sido habitado por lo divino, un lugar sagrado.
- ¿Qué significa para ti que algo sea sagrado?
- ¿Os habíais planteado alguna vez esta relación entre la encarnación de Jesús y la Creación?
- ¿Cambiaría tu forma de tratar el entorno, e incluso a las personas que te rodean, si de verdad fueras consciente de que hay algo sagrado en todo ello?
El lema de la Semana Laudato si' nos pide pasar a la acción, y la primera acción profunda es cambiar nuestra mirada. No cuidamos el medio ambiente solo por civismo o para evitar un problema climático; lo hacemos porque el suelo que pisamos tiene una dignidad inmensa. Hoy, cuando salgas a la calle, respires hondo o simplemente abras el grifo, recuerda que formas parte de algo mucho más grande. Dime, ¿qué pasaría si trataras la Creación como si fuera algo sagrado? Te animo a probarlo.
Que tengas un buen día.

Comentarios
Publicar un comentario
Comparte tu opinión de manera responsable y evita el anonimato: Escribe tu nombre, el curso y tu cole gabrielista. Muchas gracias.