¡Buenos días!
Hoy os presento a Edith Stein, una filósofa de origen judío, una mujer intelectual que buscó la verdad durante toda su vida. Vivió de pleno la I Guerra Mundial, una de las épocas de Europa más oscuras y convulsas, llena de conflictos y ruido, donde era muy difícil mantener la calma y la claridad. Fue apresada y llevada al campo de concentración de Auschwitz dónde finalmente falleció. En medio de toda esa realidad fue capaz de encontrar una fórmula para no perder la esperanza ni el norte en sus relaciones con los demás. Mirad qué frase nos dejó para poder "filtrar" todo lo que sale de nuestra boca o de nuestros dedos en redes:
"No aceptéis nada como verdad si le falta amor. Y no aceptéis nada como amor si le falta verdad".
Piénsalo un momento. A veces usamos la "verdad" como excusa para atacar. Soltamos un "Es que es verdad, te queda mal" o "Es que es verdad, no tienes ni idea", y nos quedamos tan anchos pensando que somos muy sinceros. Pero Edith Stein te diría: Cuidado. Una verdad lanzada sin empatía y sin cariño se convierte en oscuridad, deja de ser luz y se convierte en algo frío y cortante. La violencia no suele empezar con un puñetazo; empieza cuando tus palabras humillan al otro, aunque lo que digas sea "cierto".
- ¿Qué pensáis de esta frase? ¿Os resulta fácil decir lo que pensáis sin herir, o la línea entre ser sincero y ser cruel es muy fina y se confunde con facilidad?
- Si revisaras tus últimas conversaciones, ¿dirías que sirvieron para solucionar líos o para echar más leña al fuego?
- ¿Tus palabras construyen puentes con los demás o levantan muros?
¿Te das cuenta del poder que tienen las palabras? Poder para acoger y amar o para alejar y destruir, poder para dar vida y poder para quitarla. Y para los cristianos esto tiene mucha lógica, podríamos afirmar que en las palabras hay algo sagrado, porque Dios mismo, para crear el mundo, usa solo las palabras "que se haga la luz...", y, de igual forma, Jesús hizo lo mismo múltiples veces, como cuando dijo: "Talita cum" y la niña se levantó. Hoy, y cada día, te invito a descubrir que tu voz es capaz de crear un buen ambiente o destruirlo, tú eliges qué hacer, tú tienes ese poder. Así que dime, ¿tu voz será de paz o de discordia?
Que tengas un buen día.
Comentarios
Publicar un comentario
Comparte tu opinión de manera responsable y evita el anonimato: Escribe tu nombre, el curso y tu cole gabrielista. Muchas gracias.