¡Buenos días! A veces usamos la palabra "bendición" de forma automática y casi sin pensar. Decimos cosas como "Este aire acondicionado es una bendición" cuando hace un calor insoportable, o "Que apruebe este examen sería una bendición". En nuestro día a día, suele sonar a golpe de suerte, a un alivio inesperado, a algo bueno que nos cae del cielo y nos soluciona la papeleta. Pero en el lenguaje cristiano, esta palabra tiene un sentido mucho más profundo. "Bendecir" viene del latín bene dicere, que significa literalmente "decir bien". Bendecir a alguien es desearle profundamente lo mejor, es mirarle con cariño y reconocer su valor. Cuando Dios bendice, no está haciendo un truco de magia para arreglarte la vida; lo que hace es "decir bien" de ti, asegurarte que está de tu lado, acompañándote y dándote fuerza para que tú mismo seas capaz de avanzar. Dime: ¿Alguna vez te has sentido una "bendición" para alguien? ¿Y algui...
Y, a veces, todo es tan sencillo como escuchar el viento que sopla por nosotros y extender con fuerza las alas.