A veces usamos la palabra "bendición" de forma automática y casi sin pensar. Decimos cosas como "Este aire acondicionado es una bendición" cuando hace un calor insoportable, o "Que apruebe este examen sería una bendición". En nuestro día a día, suele sonar a golpe de suerte, a un alivio inesperado, a algo bueno que nos cae del cielo y nos soluciona la papeleta.
Pero en el lenguaje cristiano, esta palabra tiene un sentido mucho más profundo. "Bendecir" viene del latín bene dicere, que significa literalmente "decir bien". Bendecir a alguien es desearle profundamente lo mejor, es mirarle con cariño y reconocer su valor. Cuando Dios bendice, no está haciendo un truco de magia para arreglarte la vida; lo que hace es "decir bien" de ti, asegurarte que está de tu lado, acompañándote y dándote fuerza para que tú mismo seas capaz de avanzar. Dime:
- ¿Alguna vez te has sentido una "bendición" para alguien? ¿Y alguien lo ha sido para ti?
- ¿Qué tipo de palabras sueles dedicar a los demás: las que construyen y "dicen bien", o las que hunden y dañan o son indiferentes?
- ¿Te cuesta creer que puede haber alguien que te mira y te desea lo mejor pase lo que pase?
Ahora que cerramos esta etapa y llegan las vacaciones, quiero invitarte a que te lleves en la maleta nuestro lema: "Escucha la voz y levántate". Seguir viviendo esto durante el verano —y el resto de tu vida— significa aprender a escuchar sin juzgar. Significa atreverte a aprender, aceptar o rechazar las voces que te llegan y, finalmente, levantarte. Es decir, salir de la pasividad, ponerte en acción y actuar según ese camino que tú mismo has escogido con autenticidad y valentía.
Para despedirnos, quiero regalarte precisamente eso: una bendición. Es una fórmula muy antigua, pero no es un conjuro raro; en el fondo, es un deseo sincero para recordarte que tu vida importa. Es una forma de desearte que encuentres luz, sentido y tranquilidad vayas donde vayas, incluso cuando las cosas se pongan cuesta arriba. Tómalo como un abrazo para el camino:
Que el Señor te bendiga y te proteja;
que el Señor te mire con agrado
y te muestre su bondad;
que el Señor te mire con amor
y te conceda la paz.
Que tengas un buen día y un buen verano.

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