¡Buenos días!
Empezamos la semana con Khalil Gibrán, un escritor y poeta nacido en el Líbano a finales del siglo XIX. Vivió entre Oriente y Occidente, y murió joven, con poco más de cuarenta años, pero dejó textos que siguen leyéndose hoy en todo el mundo. Sus palabras no nacen de teorías, sino de la observación profunda de la vida y de las personas. Le interesaba lo que pasa por dentro, aquello que no siempre se ve, pero que determina cómo nos relacionamos, cómo amamos y también cómo escuchamos. Hoy, Gibrán nos deja esta frase para reflexionar:
“Algunos oyen con las orejas; algunos, con el estómago; algunos, con el bolsillo. Y algunos no oyen en absoluto”.
- ¿Qué creéis que pretende denunciar Khalil con esta afirmación? ¿Qué creéis que significa cada manera de oír?
- Piensa en un momento de tu vida en el que te hayas sentido escuchado de verdad. ¿Qué hizo la otra persona para que sintieras que su atención era auténtica? ¿Cómo te sentiste tú?
- Ahora te toca a ti. Cuando alguien te habla, ¿desde dónde sueles escuchar: desde el interés, la prisa, el juicio… o desde el deseo sincero de entender?
Escuchar de verdad es mucho más que oír sonidos. Es hacer espacio. Es dejar a un lado el ruido interior para acoger al otro tal como es. Por eso escuchar con el corazón es tan difícil y, a la vez, tan necesario. En los Evangelios, Jesús se encuentra con personas muy distintas, pero hay algo que se repite: se detiene, mira, escucha. No fuerza, no impone, no invade. Su forma de hablar nace siempre de una escucha profunda.
Tal vez hoy, la pregunta que nos podemos hacer sea esta: ¿te permites parar y hacer silencio por dentro? ¿Te das la oportunidad de escuchar algo más que tus propias preocupaciones, miedos o deseos? Quizá en ese silencio, cuando no escuchamos con las orejas, ni con el estómago, ni con el bolsillo, pueda aparecer una voz distinta, discreta, que no obliga, sino que invita. ¿Te atreves a escucharla?
Que tengas un buen día.

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