¡Buenos días!
Imagina por un momento estar en el nivel de dificultad máximo, sin vidas extra, donde todo a tu alrededor grita Game Over. Pues así se encontró Viktor Frankl, un psiquiatra austriaco del siglo XX que sobrevivió a los campos de concentración nazis. Estando allí encerrado, rodeado de frío, hambre y oscuridad total, se dio cuenta de algo alucinante: las personas que lograban resistir y salir adelante no eran las más fuertes físicamente. Eran aquellas que mantenían viva la esperanza porque tenían algo esperando fuera: alguien a quien amar, un proyecto que terminar, un sueño que cumplir. De ahí que escribiera esta frase:
«Quien tiene un porqué para vivir, encontrará casi siempre el cómo».
- ¿Qué es lo que te motiva a levantarte de la cama un lunes para ir al colegio?
- ¿Crees que saber hacia dónde vas cambia la forma en la que te enfrentas a los problemas de tu día a día?
- ¿Has pensado alguna vez en ese «porqué» de tu vida?
Sin embargo, te comparto esta pregunta: ¿esta necesidad de desear «ser algo o servir para algo» en esta vida responde a un deseo de algo que no sea perecedero? Para los cristianos, esta esperanza reside en la certeza de que tu vida tiene un sentido inmenso para Dios y de que, pase lo que pase y falles lo que falles, la partida nunca se acaba, porque no estás solo. Hoy te invito a pensar en esa pregunta y a buscar tu respuesta. No te agobies, simplemente lanza la pregunta y escucha esa voz interior que silenciamos con facilidad.
Que tengas un buen día.
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