Ir al contenido principal

EMOCIONARIO: Resignación


¡Buenos días!
Llevamos toda la semana hablando de la esperanza, así que no podemos dejar de lado otra palabra que podemos vivir en nuestro día a día: la resignación. Una emoción que nos aplasta y nos dice: "Déjalo, no vale la pena luchar más, ríndete" o, en otros contextos: "Toca hacer esto que no me gusta nada porque me lo mandan” o “Me siento obligado a hacerlo para quedar bien o no generar discusiones".
De algún modo u otro, seguramente todos la hemos experimentado, ¿verdad?
  • ¿Recuerdas algún momento así? ¿Cómo te sentiste? ¿Cambiarías algo si pudieras?
Hoy te voy a contar una historia real, una que quizá ya conoces o has escuchado. Una historia sobre San Luis María de Montfort que ocurrió en un pueblo llamado Pont-Château, en Francia. Resulta que el P. de Montfort llevaba meses trabajando junto a cientos de personas para construir un Calvario (la montaña donde crucificaron a Jesús) de gran tamaño en una colina. Fue un proyecto muy ambicioso y de gran envergadura que movilizó cerca de unas 1.200 personas que voluntariamente entregaron su tiempo y su amor a la construcción de ese monumento de oración en torno a la cruz de Jesús. Pues bien, una vez terminado y justo un día antes de inaugurarlo, llegó una orden directa del mismísimo Rey de Francia, que, influenciado por envidias, no solo prohibía su apertura, sino que ordenaba destruirlo hasta los cimientos. Meses de sudor y esperanza, a la basura en un segundo. ¿Qué harías tú? Posiblemente enfadarte, maldecir, hundirte o incluso llorar desesperadamente. Y seguramente eso hicieron muchos de los que ayudaron en la construcción, pero San Luis María hizo algo totalmente diferente. Él reunió a la gente y con una calma y una paz interior que pocos llegaban a comprender, les dijo:

«Amigos míos, a todos nos gustaría plantar una cruz en esta colina. Se nos prohíbe. Plantémosla en nuestro corazón. Dios será glorificado de la misma manera».

Te imaginas? Todo el esfuerzo, el tiempo dedicado, tu ilusión y la de tantos, de repente quedan demolidos y, sin embargo, eso no te desmorona porque en tu interior sientes algo parecido a lo que sintió Montfort: "Aunque no lo entienda, si confío y tengo esperanza, veré que de todo este mal Dios puede hacer surgir un bien mayor". Pero esto pide una confianza casi a ciegas en ese Dios que, según Montfort y tantos otros, nos ama infinitamente.

Desconozco en qué momento espiritual te encuentras, pero, sea cual sea, te invito a preguntarte: ¿alguna vez has intentado mirar qué te ha aportado o qué ha causado ese momento de dolor o tristeza pasado? Pasar del "porqué" al "para qué" no siempre resulta fácil, pero sí que es posible. Confía y transforma la resignación en esperanza, cambia el dolor de esa cruz derruida por una vida resucitada, una vida nueva y liberada con una nueva mirada.

Que tengas un buen día.

Comentarios