A veces vamos por la vida con el corazón un poco congelado, a la defensiva, sintiendo que no damos la talla o pensando que nadie daría un duro por nosotros. Mirar a Jesús en esa cruz es ver a alguien poniéndose en medio para recibir el golpe por ti. No es una historia de dolor, es el acto de amor más extremo de la historia para descongelar tus miedos y demostrarte que tu vida vale la suya. Y lo mejor es que, igual que Ana, la historia no acaba ahí: ese nivel de amor es tan grande que rompe hasta la muerte. Eso es la Resurrección. Piensa un momento en ti, escúchate y respóndete con sinceridad: ¿Qué partes de tu corazón desean ser descongelados por un amor como este?
¡Buenos días!
Posiblemente esta sea una escena conocidos por todos: Ana tiene la oportunidad de revertir su maldición (se está congelando) con un beso de su amado (un “acto de amor verdadero”) y así, salvarse a sí misma. Pero decide darse la vuelta y ponerse en medio para salvar a su hermana recibiendo ella el golpe de la espada. Lo curioso es ver cómo ese sacrificio es lo que rompe la maldición (y no el beso del amado). Como dice el muñeco Olaf: "Solo un acto de amor verdadero puede descongelar un corazón helado". La cruz de la que tanto hablamos los cristianos en Semana Santa es exactamente eso.
Que tengas un buen día.
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