¡Buenos días!
Hoy vamos con una historia real. En enero de 1982, un avión de pasajeros se estrelló en Washington y cayó a las aguas heladas del río Potomac. Solo seis personas lograron salir a flote y agarrarse a los restos, mientras se congelaban. Cuando por fin llegó un helicóptero de rescate, bajó una cuerda salvavidas y se la lanzó a un hombre llamado Arland Williams. Era su billete de salida. Pero Arland, en lugar de ponérsela, se la pasó a la persona que estaba a su lado para que la subieran. El helicóptero volvió, le lanzó la cuerda a Arland de nuevo, y él se la volvió a pasar a otro. Lo hizo hasta cinco veces. Cuando bajaron por sexta vez para rescatarle a él... Arland ya no estaba. Sus fuerzas se habían agotado y se había hundido en el río helado. Había entregado literalmente sus cinco oportunidades de vivir para que otros cinco volvieran a casa.
- ¿Por qué crees que alguien haría algo así?
- En una situación así, qué opción crees que escogerías: ¿salvarte o salvar? ¿Por qué?
Cuesta imaginar por qué alguien hace algo así aunque quizá haya otra pregunta más de fondo o que nos puede iluminar: ¿podría vivir sabiendo que escogí salvarme en lugar de salvar? Y ojo, que en una situación así, me parece a mí que no podemos juzgar ninguna de las dos reacciones. Mirad, cuando los cristianos observan la cruz en Semana Santa y dicen esa frase de "Jesús murió por ti", seguramente te quedas en plan "¿en serio?", esto no tiene sentido alguno… Ahora imagina por un momento que Dios existe. Pero claro, para tener una relación directa, de "tú a tú" con Él, hay un requisito: necesitas ser puro de corazón. Y seamos sinceros, eso es dificilísimo, ¿verdad? Todos nos equivocamos, somos egoístas a veces, herimos a los demás... hay "interferencias" constantes.
Lo que hizo Jesús en esa cruz fue exactamente lo que hizo Arland con la cuerda: cargar con todas esas interferencias (lo que llamamos pecado, los errores y el mal de la humanidad, o sea, los tuyos y los míos) y borrarlas por completo. ¿Y para qué? Para dejar el canal limpio. Para que pudiéramos relacionarnos con Él sin filtros, sin sentir que no damos la talla, solo por pura voluntad y deseo libre.
Sabiendo esto, te invito a pensar si hay una parte de ti a la que le gustaría creer en esta posibilidad. Si es así, no hace falta que hagas nada raro; simplemente cierra tus ojos un momento y dile por dentro: "Hola, estoy aquí. Quiero conocerte".
Que tengas un buen día.
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