¡Buenos días!
Seguramente, si os digo que hoy vamos a empezar la mañana con un examen, a más de uno le dé un vuelco el estómago o sienta un pequeño escalofrío... Igual, solo de pensarlo, ya os está pasando.
Es normal, pues con facilidad podemos ver los exámenes como un momento de tensión, como un obstáculo que hay que saltar inevitablemente para continuar con la materia. Pero si te fijas bien, en realidad un examen es una herramienta para ver qué hay en tu mochila: ver qué has aprendido de verdad, qué te llevas contigo y qué te falta todavía por entender, ¿verdad?
Hace más de dos mil años, un filósofo llamado Sócrates soltó una frase que hoy, en la era de los algoritmos y de ir siempre con prisas, tiene más sentido que nunca:
«Una vida sin examen no merece la pena ser vivida».
Y no, Sócrates no quería que estuviéramos todo el día haciendo test de evaluación. Lo que nos estaba diciendo es que existe el peligro real de vivir en «modo automático». Como un bot. Puedes pasarte los días haciendo simplemente lo que toca, movido solo por lo que te apetece en cada segundo —ese «me gusta» inmediato que se esfuma rápido— o, peor aún, dejándote llevar por lo que dicen y piensan otras personas sin ningún tipo de criterio, solo porque «confías en esa persona o te gusta lo que dice».
- ¿Qué es lo más absurdo que has hecho últimamente en modo automático?
- ¿Qué sentimientos te despierta esta frase de Sócrates?
- ¿Crees que vivir sin examinarte puede convertirte en un no dueño de tu vida o en un pasajero de la vida de otro?
Examinar tu vida no es juzgarte para castigarte, sino buscar esos aprendizajes adquiridos para seguir avanzando. Es dejar de ser un autómata y empezar a tomar el volante. Es parar para escucharte, preguntarte por qué haces lo que haces y buscar respuestas. Hoy te invito a eso. Antes de que el día termine, regálate un minuto de «examen» propio. Revisa tu día, lo que has hecho, la gente con la que has compartido, escucha tu voz y pregúntate: ¿estoy avanzando hacia donde quiero o solo me estoy dejando llevar?, ¿qué quiero mejorar? Escríbelo y comprométete a algo, por pequeño que sea. Verás qué pasa semana tras semana. Eres capaz, muy capaz de mejorar cada día un poco más; solo levántate y, si ya lo haces, sigue por ese camino: te hace bien.
Que tengas un buen día.
Comentarios
Publicar un comentario
Comparte tu opinión de manera responsable y evita el anonimato: Escribe tu nombre, el curso y tu cole gabrielista. Muchas gracias.