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¡A PENSAR! con Etty Hillesum


¡Buenos días!
Imagina tener poco más de veinte años, vivir en Ámsterdam en plena Segunda Guerra Mundial y saber que, por el simple hecho de ser judía, tu vida y la de tu familia están a punto de ser destruidas. Esa era la realidad de Etty Hillesum. Una chica joven, brillante, apasionada, que acabó siendo enviada al campo de concentración de Auschwitz, donde murió con solo 29 años. Lo alucinante de Etty es que, en medio de todo ese horror absoluto, decidió escribir un diario. Y en vez de llenarlo de odio, desesperación o quejas, lo llenó de una búsqueda espiritual brutal. Etty descubrió que, por mucha oscuridad que hubiera fuera, nadie podía apagar la luz que llevaba dentro. Encontró un sentido a la vida buceando en su propio interior, ahí donde el ruido de las bombas y el miedo no podían llegar. Por eso, no es de extrañar que dejara escrito en su diario:

«Dentro de mí hay un pozo muy profundo. Y ahí dentro está Dios».

  • ¿Te gusta la oscuridad? ¿Cómo te hace sentir?
  • ¿Qué opinas sobre la frase? ¿Sientes ese pozo dentro de ti?
  • ¿Has experimentado alguna vez que algo, o alguien, vuelve a encender tu chispa justo cuando parecía totalmente apagada?
Según Etty, en ese pozo profundo habita Dios, pero, como es tan hondo, muchas veces nos resulta muy difícil verlo. Su presencia y su voz pueden parecer apagadas, silenciadas por la oscuridad de ese mismo pozo o por las cosas que nos pasan. En realidad, esto se parece mucho a lo que vivieron los discípulos de Jesús durante el día de Pentecostés, el día en que recibieron el Espíritu Santo y pasaron de estar escondidos a ir por el mundo a hablar de todo lo que habían visto y oído sobre Jesús.

Para intentar entender un poco más a este Espíritu Santo, piensa en lo que le ocurre a una brasa cuando la sacas del fuego: poco a poco va perdiendo su calor, se vuelve gris y parece que se apaga por completo. Pero si la vuelves a acercar a la lumbre, la brasa se enciende de nuevo y recupera todo su rojo vivo. Digamos que esa brasa es la presencia de Dios en ti, en el fondo de tu pozo. Y el Espíritu Santo es el fuego que irrumpe para prenderla de nuevo. En Pentecostés, los discípulos estaban como brasas apagadas por el miedo, pero dejaron que ese fuego se acercara y los encendiera por dentro. A veces solo hace falta pararse, escuchar y dejar que ese Espíritu sople para que nuestro interior vuelva a brillar.

Que tengas un buen día.

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