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MADRE TIERRA: Iluminar el mundo


¡Buenos días!
Durante toda esta semana hemos hablado de la luz: de esa luz que cada uno lleva dentro, de cómo necesitamos cuidarla y recargarla y, sobre todo, de que no está pensada para quedarse escondida. Hoy quisiera dar un paso más. Porque hay algo que compartimos todos, tengamos la edad que tengamos, nos guste el deporte más o menos, seamos más de ciencias o de letras: Todos nosotros vivimos en el mismo planeta, la Tierra, nuestra casa común, nuestro hogar.
Y aunque a veces parece que los problemas del planeta son demasiado grandes para que nosotros podamos hacer algo, la realidad es que nuestras decisiones de cada día también cuentan. La forma en que utilizamos el agua, la comida que desperdiciamos, lo que hacemos con nuestros residuos, cuánto cuidamos los espacios que compartimos, cómo tratamos a los animales y cómo cuidamos de las personas que nos rodean, sobre todo de las más vulnerables; cada gesto, por pequeño que sea, cuenta. Dime:
  • ¿Qué haces tú para cuidar la casa en la que vivimos todos?
  • ¿Hay alguna cosa que podrías cambiar, aunque sea pequeña?
  • ¿Crees que nuestras pequeñas acciones pueden ayudar a otras personas y al planeta?

Puede que ya lo sepas, pero para los cristianos, cuidar la Tierra no es solo una cuestión de reciclar o gastar menos. Cuidar la Tierra es reconocer que este mundo es un regalo que hemos recibido y que no estamos solos en él. Jesús nos invita a mirar a los demás y a todo lo creado con cuidado y responsabilidad. Por eso, si esta semana hemos descubierto que tenemos una luz dentro, hoy toca recordar algo importante: una luz no sirve de mucho si solo la utilizamos para nosotros mismos.
Iluminar el mundo también significa cuidar nuestra casa común, hacerla un poco más limpia, más justa y más acogedora para todos. Así que recuerda: la luz que hay en tu interior está hecha para iluminar tu camino, pero un camino que conduce a iluminar a otras personas y el planeta. ¿Qué ilumina hoy tu luz?

Que tengas un buen día.

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