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EMOCIONARIO: Frans van der Lugt


¡Buenos días!
Me llamo Frans van der Lugt. Soy holandés y jesuita. Hace casi cincuenta años llegué a Siria de misión y allí encontré mi hogar. Compartí mi vida con musulmanes y cristianos, jóvenes y mayores, que poco a poco se convirtieron en vecinos, amigos, gente a la que quería.
Entonces la guerra llegó a Homs. Los bombardeos destruyeron edificios, escaseaba la comida y muchas familias quedaron atrapadas. El miedo y la incertidumbre lo invadieron todo.
Me preguntaron si quería marcharme. Pero ¿cómo iba a abandonar a quienes habían compartido conmigo tantos años justo cuando más sufrían? Me quedé no porque no tuviera miedo, sino porque aquellas personas ya eran parte de mi vida. Su dolor también era el mío. Y es que aun en medio de la guerra, seguíamos encontrando motivos para estar unidos. Musulmanes y cristianos compartíamos dificultades y nos ayudábamos. Yo creía profundamente que el odio no tenía por qué ganar, que incluso en la oscuridad podía quedar un poco de esperanza.
El 7 de abril de 2014, un hombre llamó a la puerta de nuestra casa. Cuando fui a abrir, me disparó. Así terminó mi vida en Homs, la ciudad donde había vivido durante casi cincuenta años.
Ahora, tal vez pueda pedirte algo. Por favor, no te enfades con aquel que me mató. Esto solo provoca más dolor y más odio. Pero puedes sentirte triste por la distancia que había entre el hombre de la pistola y yo. Estoy triste porque no tuve tiempo de escuchar el dolor que llevaba en el fondo de su corazón. Ese dolor tenía que ser enorme. Tan enorme que fue capaz de matar a alguien.
Y ahora, ¿quién se encargará de sanar sus heridas?
Ya no puedo hacerlo. Otros sí. Tú sí.
Porque ¡el amor sigue!
Simplemente sigue.
  • ¿Has sentido alguna vez miedo o impotencia al ver sufrir a alguien que quieres y no saber cómo ayudarle?
  • Cuando alguien te decepciona o una amistad se rompe, ¿qué te cuesta más: acercarte de nuevo, perdonar o volver a confiar?

Este domingo celebramos los 100 años del Domund, que nos recuerda a quienes entregan su vida acompañando a otros pueblos. Ser misionero no es solo ir a ayudar: es compartir la vida hasta sentir que los demás ya forman parte de ti. Jesús nos invita a no dejar sola a ninguna persona en su sufrimiento. Esa luz puede empezar hoy, con alguien que necesita que estés a su lado en medio de su guerra.

Que tengas un buen día.

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