¡Buenos días!
- ¿Cuántos de vosotros cumplís la regla del 3-30-300?
- ¿Hay algún lugar —un parque, la montaña, la playa, un árbol, incluso un rincón concreto— donde notes que respiras de otra manera?
- ¿Cuánto tiempo de tu día pasas rodeado de pantallas, ruido, prisas… y cuánto tiempo rodeado de naturaleza?
A veces pensamos que para encontrarnos mejor tenemos que hacer algo más: distraernos, entretenernos, producir, conseguir algo. Y quizá, algunas veces, lo que necesitamos es justo lo contrario: parar, contemplar, admirar, sentir, descansar.
La naturaleza no soluciona por sí sola nuestros problemas, pero puede ayudarnos a bajar el ritmo, respirar, ordenar lo que llevamos dentro y recordar que no todo en la vida tiene que ser inmediato. Porque la naturaleza no nos pide que seamos productivos. Un árbol no intenta demostrar nada. Una puesta de sol no necesita likes. Y quizá por eso, cuando estamos cerca de ella, podemos recordar algo que se nos olvida con facilidad: que nuestro valor no depende de cuánto hacemos, cuánto conseguimos o cómo nos ven los demás. Quizá por eso necesitamos dejar salir esa parte primitiva que nos recuerda la necesidad de estar en contacto con la naturaleza para poder encontrarnos. Y, quién sabe, puede que, buscando esa calma y conexión con la Creación, te encuentres con su Creador, aquel que también desea sostenerte en la alegría y en la adversidad. ¿Te atreves a descubrirlo?
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