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¡A PENSAR!: Que no nos confundan


La realidad se impone, es normal. Nos guste o no, somos muy de lo nuestro: nuestra familia, nuestra casa, nuestra tierra... Mi perspectiva particular es importante, aunque limitada y parcial por definición. Y es que la vida se desarrolla en lo cercano y lo concreto, pero a la vez los valores y horizontes han de significar principios cuyo valor está en que lo son de todos. Trascender mi propia realidad y asegurar que encarno perspectivas de justicia y ética globales es uno de los ejercicios más complejos y necesarios que tenemos por delante.
Por eso me asusta el encogimiento moral, la estrechez de miras, la mirada al suelo y el silencio cómplice... todo lo que nos haga bajar la vista, ignorar lo lejano o perder sensibilidad por lo distinto, es una sutil amenaza a la integridad de nuestro mundo, un solapado cuestionamiento a nuestros valores. Así que estos no son tiempos para sálvese quien pueda, sino para reconstruir juntos lo que nos funda como sociedad y como pueblo. Son muchas las crisis, las de aquí y las de allá, mucha la necesidad y los reclamos. Ojalá no nos confundan. Los valores y principios se prueban ante lo complejo. Es en tiempos revueltos donde se demuestra lo importante. Es ante la dificultad cuando sale, para bien y para mal, lo más auténtico de nuestras sociedades. 
Hoy es el tiempo para la solidaridad y la justicia, con el de cerca y el de lejos. Ahora es el tiempo para ir más allá de lo nuestro y demostrarnos que la cooperación no es un lujo de ricos en tiempos de bonanza, sino un principio ético inquebrantable más importante, quizá, cuanto menos se tiene y más concierne lo que se pone en juego.                                                                       
Adapt de pastorals.org


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