¡Buenos días!
En ocasiones decir “gracias” puede parecer poco importante o innecesario, cuando en realidad dice mucho de nosotros. Cuando damos las gracias, reconocemos la bondad de los demás, esos gestos que nos hacen bien y que no damos por supuesto. Además, para los creyentes, esta bondad que vemos en las personas es también un reflejo de la bondad de Dios, que se hace presente en aquellas cosas buenas que compartimos, así que cada vez que damos las gracias a alguien es como si también dijéramos a Dios: Gracias por ser un poco como tú: buenos.
Hoy, recordando el Día Mundial del Agradecimiento, que fue ayer, te propongo algo sencillo: darle las “gracias” a alguien, con palabras o con un gesto. ¿A quién elegirás? ¿Te has planteado que ese "alguien" al que agradecer pueda ser Dios? Piensa en ello.
Que tengas un buen día.
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