Debemos aprender a cerrar procesos para dar pasos a nuevos proyectos, nuevos retos que nos abran al futuro. Cuando comprendemos que despedirse es tan solo darnos tiempo y espacio para sentir todo lo vivido, experimentado y compartido, aceptamos que todo tiene su tiempo y su momento. Supone agradecer todo lo recibido y dar un paso hacia adelante, hacia lo nuevo. Pero el miedo a lo desconocido nos hace que, inconscientemente, nuestros adioses sean con la boca pequeñita, porque nos cuesta asumir que todo en la vida es efímero y que, o se transforma, mejora o cambia de manera natural, o se convierte en un verdadero drama. El problema es que nadie nos ha enseñado a decir adiós, algo que hacemos repetidamente a lo largo de la vida porque estamos en un incesante cambio. Despedirse es parte de la vida cotidiana y cuanto antes aprendamos a hacerlo con normalidad mucho mejor nos irá y más avanzaremos hacia nuestras metas. Vivir es crecer y para crecer hay que cerrar etapas y comenzar otras ...
Y, a veces, todo es tan sencillo como escuchar el viento que sopla por nosotros y extender con fuerza las alas.